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Diabetes Mellitus en Perros y Gatos

MVZ Luis L. Sánchez. MV Renato Villalobos.

La diabetes mellitus es una de las endocrinopatías más comunes en perros y gatos, y al igual que en humanos, la incidencia está incrementando considerablemente. Sin embargo, aunque existan similitudes en las manifestaciones clínicas de la enfermedad entre estas dos especies, hay diferencias marcadas en la patogénesis y el tratamiento (Wiedmeyer y DeClue, 2011).

Haciendo una comparación con el esquema de clasificación de diabetes en humanos, la diabetes en el perro es similar a la tipo 1 (destrucción de las células β) (Verkest, 2014). La causa subyacente de la disfunción o destrucción de las células β del páncreas no ha sido totalmente establecida, aunque se piensa que la enfermedad del páncreas exocrino y/o los mecanismos inmunomediados están involucrados. La resistencia a la insulina también ocurre en perros, generalmente como resultado del antagonismo de la función de la insulina mediante otras hormonas, y más aún durante el diestro o la gestación, donde los niveles altos de progesterona y de la hormona de crecimiento actúan como antagonistas de la insulina. Del mismo modo, la diabetes mellitus puede ocurrir en perros que sufren de otras endocrinopatías, por ejemplo, hiperadrenocorticismo, donde la producción en exceso del cortisol antagoniza la actividad de la insulina (Catchpole et al., 2012).

La mayoría de perros diagnosticados con diabetes mellitus son hembras entre 5 y 12 años de edad, en juveniles es poco común. Las razas con mayor riesgo a desarrollarlas son los Poodles miniatura, Bichones Frisé, Keeshonds, Malamutes y Schnauzers miniatura (Wiedmeyer y DeClue, 2011).

Por otro lado, cuando en la práctica clínica tenemos a un gato diabético, es tentador asumir que estamos frente a un gato con una forma de diabetes mellitus similar a la tipo 2 de humano. La mayoría de casos de diabetes felina ocurren en gatos de mediana o avanzada edad. Estos casos se pueden asociar con obesidad, inactividad, hiperinsulinemia inicial endógena (usualmente seguida de una hipoinsulinemia endógena) y resistencia a la insulina, así como disfunción de los islotes celulares y quizás deposición amiloide (Niessen et al., 2013). Es así que la casuística señala que la mayoría de gatos diagnosticados, son machos castrados que tienen más de 10 años de edad y obesos (Wiedmeyer y DeClue, 2011). Adicionalmente, estudios genéticos han proporcionado evidencia de una patogénesis similar entre la diabetes felina y la diabetes humana de tipo 2 (Niessen et al., 2013).

La presentación clínica tanto en perros como en gatos es similar a la observada en personas con diabetes mellitus. Los signos clínicos que incluyen poliuria, polidipsia, polifagia y pérdida de peso son consistentes con un diagnóstico de diabetes mellitus (Koenig, 2013). Adicionalmente, los perros pueden presentar una ceguera aguda como consecuencia de una catarata bilateral, y los gatos pueden mostrar anormalidades gastrointestinales inespecíficas como vómitos periódicos o anorexia (Wiedmeyer y DeClue, 2011).

El diagnóstico de diabetes mellitus en perros y gatos requiere de hallazgos clínicos (poliuria, polidipsia, polifagia, pérdida de peso) (Koenig, 2013), además de determinación de una hiperglucemia persistente y de identificación de una glucosuria.

Los hallazgos clínicos se determinan con una buena anamnesis, la medición de glucosa en la sangre se logra mediante dispositivos portátiles de monitorización de glucosa en sangre. La comprobación de una glucosuria se logra mediante un uroanálisis. En el caso de gatos, el diagnóstico puede verse complicado como resultado de la hiperglucemia por estrés que desarrollan a menudo. Es recomendable repetir la medición de la glucemia luego de tres horas para monitorear la resolución o persistencia de una hiperglucemia cuando se sospecha de este cuadro por estrés (Reineke, 2012).

Entre las opciones de tratamiento para perros y gatos con diabetes mellitus tenemos terapias con insulina, agentes orales hipoglucémicos y modificaciones en la dieta.

La administración de insulina exógena sigue siendo el pilar del tratamiento de la diabetes mellitus y debería ser iniciada inmediatamente luego de un diagnóstico consistente (Wiedmeyer y DeClue, 2011). Existen diferentes productos de insulina, tanto las preparaciones de insulina humana como veterinaria están disponibles para tratar la diabetes mellitus en animales. Al iniciar con una insulinoterapia, se recomienda hospitalizar al paciente para monitorear cada 3 o 4 horas las concentraciones de glucosa en la sangre y controlar el desarrollo de una hipoglucemia. Si se detecta una hipoglucemia la dosis de insulina debe reducirse. Si la hiperglucemia persiste no debe ajustarse la dosis, ya que puede tomar días en que se optimice la función de la insulina. El comienzo de la insulinoterapia puede realizarse en casa con un dueño capacitado para monitorear los niveles de glucemia de su mascota (Reineke, 2012).

Las terapias basadas en la dieta son un componente importante en el manejo de la diabetes mellitus. Los objetivos de los cambios en la dieta como terapia para la diabetes, tanto en perros como en gatos, están orientados a proveer suficientes calorías para mantener un peso ideal y corregir la obesidad o emaciación, consiguiendo minimizar la hiperglucemia postprandial. Esto termina facilitando la absorción de glucosa al sincronizar los tiempos de comida con la administración de insulina.

Los agentes orales hipoglucémicos son utilizados únicamente en gatos para atenuar anormalidades fisiológicas de la diabetes tipo 2 disminuyendo la liberación de glucosa hepática y la absorción de glucosa del intestino, aumentando la sensibilidad de la insulina periférica y aumentando la secreción de insulina del páncreas (Greco, 2012). Estos agentes son de uso limitado en el tratamiento de perros diabéticos, considerándose como una terapia poco confiable para esta especie (Reineke, 2012; Wiedmeyer y DeClue, 2011).

Referencias Bibliográficas:

1. Verkest, K. 2014. Is the metabolic syndrome a useful clinical concept in dogs? A review of the evidence. The Veterinary Journal; 199, 24-30.

2. Catchpole, B., Adams, J., Holder, A., Short, A., Ollier, W., Kennedy, L. 2013. Genetics of canine diabetes mellitus: Are the diabetes susceptibility genes identified in humans involved in breed susceptibility to diabetes mellitus in dogs? The Veterinary Journal; 195, 139-147.

3. Wiedmeyer, C., DeClue, A. 2011. Glucose monitoring in diabetic dogs and cats: adapting new technology for home and hospital care. Clinics in Laboratory Medicine; 31, 41-50.

4. Niessen, S., Church, D., Forcada, Y. 2013. Hypersomatotropism, acromegaly, and hyperadrenocorticism and feline diabetes mellitus. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice; 43, 319-350.

5. Koenig, A. 2013. Endocrine emergencies in dogs and cats. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice; 43, 869-897.

6. Reineke, E. Overview of Diabetes Treatment in Animals. In: Bagchi, D., Sreejayan, N., editors. Nutritional and therapeutic interventions for diabetes and metabolic syndrome. 1st ed. USA: Elsevier; 2012. 499-511.

7. Greco, D. Diabetes mellitus in animals: diagnosis and treatment of diabetes mellitus in dogs and cats. In: Bagchi, D., Sreejayan, N., editors. Nutritional and therapeutic interventions for diabetes and metabolic syndrome. 1st ed. USA: Elsevier; 2012. 487-497.